¿Cuántos mandamientos?
Por Pastor Sunny

Me quedé mirando la pared y me pregunté: «¿Es posible?»
La respuesta de Jesús en Mateo 22:34–40 me tomó por sorpresa. Cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante, Jesús dio dos: amar a Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Dos mandamientos.
Había asistido a clases de catecismo y a innumerables estudios bíblicos. Había leído la Biblia de principio a fin más de una vez. Me consideraba un estudiante de la Biblia. Y, sin embargo, en mi mente, la respuesta siempre había sido: los Diez Mandamientos.
Había leído este pasaje muchas veces antes, pero esta vez lo leí de manera diferente. Por primera vez, la Biblia parecía tener un sentido nuevo para mí. Era como si se hubiera levantado una nube y pudiera ver con mayor claridad. Nuevas perspectivas sobre otros pasajes de las Escrituras comenzaron a llenar mi mente. La Biblia cobró vida, y encontré un nuevo gozo al leerla.
Al estudiar la historia de la interpretación bíblica, descubrí que la tradición judía y la iglesia primitiva habían entendido la ley dentro de este marco más amplio: el amor a Dios y el amor al prójimo. Jesús relaciona toda la ley y los profetas con estos dos mandamientos.
Cuando comprendí que la Biblia no tiene diez mandamientos, las enseñanzas de Jesús adquirieron un significado diferente. La vida de fe no consiste en cumplir una larga lista de reglas para obtener una recompensa. Se trata de vivir nuestras vidas reconociendo la presencia de Dios y mostrando amor a todas las personas que encontramos.
Esa comprensión cambió la manera en que entendía la Biblia.
La Biblia ya no era simplemente una colección de reglas que me decían lo que podía y no podía hacer. Se convirtió en una fuente de vida, mostrándome cómo vivir de una manera que honra a Dios y a los demás. Dios ya no era para mí un juez severo que llevaba la cuenta de mis buenas y malas acciones, como Santa Claus revisando su lista. Dios se convirtió en el Dios lleno de gracia que nos invita a compartir una vida de amor y bondad.
Incluso mi comprensión de la vida cristiana cambió. La fe ya no consistía principalmente en evitar las cosas que pudieran impedirme entrar al cielo. Se convirtió en experimentar la gracia de Dios aquí y ahora, y en aprender a vivir esa gracia en el mundo.
Lo cambió todo.
La vida adquirió mayor importancia. La pregunta ya no era simplemente: «¿Qué debo hacer para llegar al cielo?», sino: «¿Cómo puedo experimentar y compartir la vida de Jesús aquí en la tierra?»
Todos llevamos con nosotros ciertas suposiciones y conceptos equivocados acerca de la Biblia. Algunos pueden parecer inofensivos, mientras que otros pueden tener consecuencias graves. Por eso estamos llamados a estudiar las Escrituras con seriedad, no simplemente para memorizar sus palabras o leerlas literalmente, sino para preguntarnos qué está diciendo el texto, qué significaba en su contexto original y cómo su sabiduría más profunda habla a nuestras vidas hoy.
Seamos personas que toman la Biblia con la suficiente seriedad como para mirar más allá de la superficie.
Pastor Sunny





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