Las cosas pequeñas
- UUC Office
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Al principio pensé que era algo tierno, pero luego me di cuenta de que hablaba completamente en serio.
El Sr. Johanssen llamó para pedir que la pastora Mia fuera a visitarlo al hospital. Debo aclarar que Mia era mi hija de cinco años.
Un mes antes, mientras hacía unos mandados con Mia, me enteré de que el Sr. Johanssen se había sometido a una cirugía de reemplazo de rodilla. Sin pensarlo dos veces, fui al hospital para hacer una breve visita pastoral, llevando a Mia conmigo.
Tuvimos una conversación muy agradable con el Sr. Johanssen y, antes de despedirnos, le ofrecí hacer una oración con él. Antes de que me diera cuenta, Mia se acercó en silencio, puso sus pequeñas manos sobre su rodilla vendada y comenzó a orar.
No recuerdo sus palabras exactas. Eran sencillas, simplemente la oración sincera de una niña. Pero eran hermosas. Tanto el Sr. Johanssen como yo sonreímos ante la ternura de aquel momento.
Dos semanas después, el Sr. Johanssen estaba en la iglesia y caminaba con total normalidad. Me contó que sus médicos nunca habían visto a nadie recuperarse tan rápidamente de una cirugía de reemplazo de rodilla, especialmente a un hombre de 85 años. Como su recuperación había sido tan extraordinaria, el cirujano decidió no esperar las ocho semanas habituales antes de operar la otra rodilla. En lugar de eso, programó la segunda cirugía apenas cuatro semanas después.
Así que, desde su cama de hospital, el Sr. Johanssen llamó, no para pedirme que fuera yo, sino para que Mia volviera a visitarlo y orara por él una vez más.
El Evangelio de este domingo nos recuerda que la gracia de Dios suele estar escondida en las cosas pequeñas. Jesús compara el reino de los cielos con un grano de mostaza: diminuto, pero capaz de crecer hasta convertirse en un árbol donde las aves encuentran refugio. También lo compara con la levadura, casi invisible cuando se mezcla con la harina, pero capaz de transformar toda la masa.
El mundo celebra lo grande, lo poderoso y lo impresionante. Dios, en cambio, se complace en obrar por medio de aquello que parece pequeño, ordinario y fácilmente pasa desapercibido.
A veces nuestra fe puede parecer pequeña. Nuestros actos de bondad pueden parecer insignificantes. Nuestras oraciones pueden parecer insuficientes. Sin embargo, su poder no depende de lo impresionantes que seamos ni de la fuerza de nuestra fe, sino de Aquel en quien hemos puesto nuestra confianza.
Así que Mia y yo regresamos al hospital. Una vez más, ella puso sus manos sobre la rodilla vendada del Sr. Johanssen y ofreció la sencilla oración de una niña de cinco años. Una vez más, su recuperación dejó asombrados a sus médicos.
Varios años después, conocí al cirujano ortopedista que había realizado las operaciones del Sr. Johanssen. Durante nuestra conversación, me contó que hacía mucho tiempo había dejado de creer en Dios. Pero también me confesó que nunca había podido olvidar la historia de una niña de cinco años cuyas oraciones acompañaron dos recuperaciones extraordinarias. Esa historia, dijo, lo llevó a comenzar a replantearse lo que creía acerca de Dios.
Un grano de mostaza.
Una pizca de levadura.
La oración sincera de una niña de cinco años.
La gracia de Dios suele estar escondida en las cosas pequeñas. Y, a veces, son precisamente esas cosas pequeñas las que Dios utiliza para transformar corazones, restaurar la esperanza y recordarnos que nada es demasiado pequeño para ser usado en la construcción del Reino de Dios.
Pastor Sunny




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