Antes de que llegue la medianoche
Por Javier & Alba

Hay enseñanzas que no terminan cuando cerramos la Biblia, porque siguen caminando con nosotros mucho después de haber terminado la conversación. Este jueves 17 de septiembre, en nuestro compartir como iglesia, una pequeña hormiga terminó llevándonos mucho más lejos de lo que imaginábamos. Proverbios 6 nos pidió detenernos a observarla: trabaja mientras tiene oportunidad, recoge mientras hay provisión y se prepara antes de que llegue la temporada difícil. No vive angustiada por el mañana, pero tampoco lo ignora. Y quizás allí comienza una de las formas más sencillas y profundas de la sabiduría: entender que confiar en Dios no significa vivir sin planes, sino aprender a administrar con fidelidad el tiempo, las oportunidades, los recursos y las fuerzas que Él pone hoy en nuestras manos. Todos tenemos un futuro que de alguna manera estamos construyendo: una familia que cuidar, una decisión que tomar, una economía que ordenar, una relación que fortalecer, una vida espiritual que cultivar. El mañana no está en nuestras manos, pero mucho de lo que llevaremos al mañana sí comienza a prepararse hoy.
Entonces llegamos a Proverbios 17 y descubrimos que no basta con preparar nuestras manos; también hay que preparar el corazón. Allí aparecen la paz, la prudencia, el dominio de nuestras palabras, la capacidad de perdonar y esa clase de sabiduría que sabe permanecer serena cuando la vida empieza a ejercer presión. Porque algunas temporadas no preguntan si estamos listos antes de llegar. Una llamada cambia los planes, aparece un gasto inesperado, una puerta se cierra, una relación atraviesa dificultades o una respuesta que esperábamos tarda más de lo previsto. Y en esos momentos solemos descubrir qué hemos venido guardando dentro. Por eso nuestra comunidad necesita aprender a planear más que calendarios y presupuestos; necesitamos preparar también el alma. Ahorrar cuando podemos, reconciliarnos mientras tenemos tiempo, cuidar nuestra salud, hablar con nuestros hijos, ordenar nuestras prioridades, fortalecer nuestra relación con Dios y no dejar para “algún día” aquello que puede convertirse mañana en nuestra fuente de fortaleza.
Y finalmente aparecieron Pablo y Silas en Hechos 16, cantando en una prisión cuando todo parecía estar en su contra. Aquella medianoche no produjo su fe; simplemente reveló una fe que llevaba tiempo creciendo. Habían aprendido a caminar con Dios antes de que llegaran los golpes, las cadenas y el cepo. Quizás esa fue la imagen que más profundamente quedó hoy entre nosotros: la hormiga preparándose antes del invierno, Proverbios formando el corazón antes de la presión y dos hombres adorando cuando finalmente llegó la medianoche. Eso queremos aprender como comunidad: vivir el presente con gratitud, pero también con responsabilidad; disfrutar lo que Dios nos ha dado, mientras construimos con sabiduría lo que viene. Porque planear no es tener miedo del futuro. Planear también puede ser un acto de fe. Es decirle al Señor: “No sé qué traerá mañana, pero quiero llegar a él habiendo sido fiel con lo que pusiste en mis manos hoy”. Y tal vez, cuando llegue nuestra propia medianoche, descubramos que Dios llevaba mucho tiempo preparándonos para atravesarla.
Javier & Alba

