Cuando lo poco en nuestras manos se convierte en mucho
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- 3 days ago
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Por Javier & Alba

En ocasiones, las circunstancias nos detienen para descubrir que somos más bendecidos de lo que habíamos pensado. Proverbios 27:1 nos recuerda que no sabemos qué traerá el día de mañana, y quizá por eso hay algo profundamente espiritual en aprender a recibir el presente con gratitud por las misericordias de Dios, que son nuevas cada mañana. Esta semana, durante nuestra reunión de Doble Alimentación, esa verdad dejó de ser solamente una reflexión para convertirse en algo que pudimos ver y sentir. Conocimos que una de nuestras integrantes está atravesando un momento difícil. No hubo grandes discursos ni soluciones extraordinarias; simplemente una comunidad que escuchó y, movida por el Espíritu Santo, decidió acompañar. Entre los presentes surgió espontáneamente el deseo de ayudar y, reuniendo un poco de lo que cada uno podía ofrecer, se recogió una ofrenda de amor para nuestra congregante; otros también expresaron su deseo de apoyarla en los próximos días. Fue imposible no recordar aquellas sencillas palabras de Proverbios 21:26: “el justo da con generosidad”. No porque tengamos demasiado, sino porque la generosidad no comienza en la abundancia, sino en un corazón que reconoce cuánto ha recibido de Dios.
Mientras observábamos aquella expresión de cariño, era difícil no pensar en Santiago 2:14-18 y en lo que habíamos estudiado: la fe viva siempre encuentra alguna manera de hacerse visible. A veces toma la forma de una oración; otras, de una llamada, una visita, un plato de comida, unas horas de nuestro tiempo o unos dólares ofrendados con amor para alguien que los necesita. Algo parecido ocurrió con Zaqueo en Lucas 19. Cuando Jesús entró en su vida, también cambió la manera en que miraba lo que tenía y a las personas que estaban a su alrededor. La gracia que había recibido comenzó a convertirse en generosidad. Tal vez allí descubrimos algo hermoso acerca de la gratitud: cuando realmente reconocemos cuánto Dios nos ha dado, dejamos de medir nuestras bendiciones solamente por aquello que podemos conservar y comenzamos a descubrirlas también en aquello que podemos compartir. Incluso quien siente que tiene poco puede descubrir que todavía posee algo capaz de traer alivio, esperanza y paz al corazón de otra persona.
Colosenses 3:1 nos invita a poner nuestra mirada en “las cosas de arriba”, y quizá mirar hacia arriba también significa aprender a mirar mejor a quienes caminan a nuestro lado. Cuando el corazón se acerca a Cristo, comienza a notar necesidades que antes podían pasar inadvertidas y aprende a celebrar nuevamente las bendiciones que parecían comunes. Eso fue lo hermoso de aquel momento vivido como comunidad: mientras nos uníamos con el propósito de ayudarla, probablemente muchos también volvimos a mirar nuestra propia vida y descubrimos que tenemos mucho, que todo proviene de Dios y que, en realidad, nada nos pertenece por completo. Tal vez esta semana nuestra oración pueda ser sencilla: “Señor, gracias por lo que has puesto en mis manos; ayúdame a reconocerlo y muéstrame con quién puedo compartirlo, con quién puedo realizar un acto de generosidad.” Porque algunas veces la gratitud comienza mirando al cielo, pero alcanza su expresión más hermosa cuando termina extendiendo una mano hacia alguien que camina a nuestro lado.
Javier & Alba

