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Las matemáticas del cielo

  • Writer: UUC Office
    UUC Office
  • Jul 31
  • 2 min read

La Sra. Kang (sin parentesco conmigo) fue una de las personas más generosas que he conocido.


Trabajaba en el turno de noche en la oficina de correos y, durante el día, servía como secretaria voluntaria de la iglesia. Su esposo había comprado un negocio de tintorería con la esperanza de que se convirtiera en un ahorro para la jubilación. En cambio, el negocio apenas lograba cubrir sus gastos.


Una vez me contó que sus gastos mensuales superaban sus ingresos. Sin embargo, de alguna manera, siempre pagaban todas sus cuentas. Nunca tenían lujos, pero tampoco les faltaba lo necesario.


Cuando le pregunté cómo lo lograban, simplemente sonrió y respondió: «Las matemáticas del cielo».


En el Evangelio de este domingo, Jesús está enseñando a una gran multitud en una ladera cuando surge un problema. Se está haciendo tarde y la gente no tiene nada para comer. Los discípulos le piden a Jesús que despida a la multitud para que cada uno pueda ir a buscar alimento. Pero Jesús les dice: «Denles ustedes de comer».


El problema, por supuesto, es que prácticamente no tienen nada para ofrecer. Entonces un muchacho da un paso al frente y ofrece su almuerzo: cinco panes y dos peces. Por mucho que intentemos ajustar los números, cinco panes y dos peces jamás podrían alimentar a más de cinco mil personas.


Algunas interpretaciones modernas sugieren que la generosidad del muchacho inspiró a los demás a compartir la comida que habían guardado. Ya sea que entendamos este relato como una multiplicación milagrosa de los alimentos o como un milagro de corazones transformados, el resultado es el mismo: la generosidad abrió la puerta para que la gracia de Dios actuara. El Reino de Dios se hizo visible porque un niño estuvo dispuesto a compartir lo que tenía.


Eso son las matemáticas del cielo. La generosidad y la gracia producen bendición.

A menudo me pregunto qué habrá pensado aquel muchacho al ver cómo su sencillo almuerzo se convertía en una bendición para miles de personas. ¿Habrá marcado aquel día extraordinario el resto de su vida? ¿Se habrá convertido ese acto de generosidad de su infancia en el fundamento de toda una vida de fe?


La Sra. Kang vivía esa clase de fe. Para ella, la gracia no era simplemente una idea teológica; era una realidad cotidiana. Creía que todo lo que tenía provenía de Dios y daba con generosidad porque confiaba de todo corazón en la provisión de Dios.


Existen unas matemáticas del cielo que desafían la lógica humana. No pueden explicarse con hojas de cálculo ni con cálculos matemáticos. Solo pueden experimentarse por medio de la fe.


Que aprendamos a confiar en las matemáticas del cielo de Dios, y que esa fe transforme nuestras vidas.


Pastora Sunny

 
 
 

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